El Arcángel Miguel y la fe en el Poder de Dios

Arcángel Miguel con túnica blanca, manto azul y espada luminosa, junto al título sobre la fe en el Poder de Dios

El Arcángel Miguel fortalece la fe en el Poder de Dios: la confianza en la Presencia YO SOY y en la luz que sostiene la vida. Su servicio como defensor de la fe consiste en avivar esa confianza en el corazón de la humanidad, para que cada persona pueda continuar su camino espiritual aun en medio de las dificultades. Recibir su asistencia requiere abrirnos a su sentimiento de fe y aprender a conservarlo en nuestras actividades diarias.

Las enseñanzas y los llamados de Los 7 Arcángeles y sus Poderosos Decretos del YO SOY, de Gabriel Silva, permiten profundizar en esta cooperación con Miguel y sus legiones de ángeles de la Luz.

Por qué el Arcángel Miguel es el defensor de la fe

Miguel es uno de los Siete Arcángeles, los grandes mensajeros divinos que dirigen legiones de ángeles y sostienen las cualidades de los Siete Rayos. El Primer Rayo, de color azul, expresa fe, protección, poder y Voluntad Divina. Los ángeles que sirven en este rayo irradian esas cualidades para nutrir la naturaleza espiritual del ser humano. Puedes ampliar esta relación en los Siete Arcángeles y las cualidades de sus rayos.

El Maestro Ascendido El Morya explica que Miguel eligió, por su propia voluntad, convertirse en el guardián de la fe del ser humano en Dios. Su presencia y la de sus ayudantes celestiales brindan asistencia a quienes atraviesan angustias del alma, la mente y el cuerpo. Su servicio tiene como propósito preservar la luz espiritual en el alma y restaurar el deseo de obediencia a la Ley de la Armonía.

La protección de esa luz comprende también fortalecer el deseo de seguir adelante. El Morya describe el foco de Miguel, en el reino etérico cerca de Banff, en las Montañas Rocosas Canadienses, como un lugar donde se renueva la fe en Dios y se recibe nuevo aliento para servir a los semejantes. La fe recibida tiene así una aplicación: continuar el propio esfuerzo y volver a ofrecer lo mejor de nuestra energía a la vida.

Recibir la fe con serenidad

Arcángel Miguel

«La aceptación de mi fe en el Todo Poder de Dios es la puerta abierta a la paz mental, a la pureza del alma y a la perfección del cuerpo y de los asuntos físicos. El hombre no puede aceptar esta fe mediante el esfuerzo de la voluntad humana, ya que esto solo intensifica sus tensiones internas».

«El hombre puede aceptar Mi Fe de la misma manera en que acepta el calor del sol físico o las brisas refrescantes que restauran la vitalidad después de la opresión del calor del día. Soy tan capaz de transferir mi sentimiento de fe en el todo poder de Dios como cualquiera de ustedes lo es al transmitir el sentimiento de molestia o descontento».

La comparación con el sol y la brisa permite comprender la disposición que Miguel propone: recibir. El esfuerzo de tensión cede su lugar a la aceptación consciente de una cualidad divina. La atención se dirige al Arcángel y a la Presencia YO SOY, la Fuente Divina de nuestra vida, con un sentimiento de confianza y receptividad.

Arcángel Miguel con manto azul y una suave llama luminosa sobre su mano extendida

Elegir el sentimiento que alimentamos

Arcángel Miguel

«Siglos de aceptación de “otros” poderes que limitan, angustian, molestan y atan han construido momentums de miedo e incertidumbre en la conciencia y en el mundo emocional de la raza humana. El hombre vive bajo la constante amenaza de las sombras de sus propias imágenes mentales, energizadas por sus propios sentimientos».

Un momentum es una fuerza acumulada mediante la repetición. Miguel señala la costumbre de sintonizarse con los sentimientos de discordia del ambiente y enseña a dirigir conscientemente esa capacidad hacia las cualidades que deseamos expresar. Así como un sentimiento de descontento puede transmitirse, también podemos abrirnos al sentimiento de fe que él ofrece.

Esta elección empieza en nuestra propia conciencia. Reconocer qué sentimiento estamos alimentando nos permite volver la atención a la Luz y recibir una cualidad distinta. La fe en el Poder de Dios acompaña ese cambio de atención y la disposición a emplear nuestra energía de manera constructiva.

Llevar la fe a las actividades de cada día

Arcángel Miguel

«¡Para vivir con los ángeles, uno debe esforzarse primero por aceptar los sentimientos de los ángeles! Luego, para recibir ciertos impulsos o revelaciones, debe entretejer estos sentimientos en las vibraciones de sus actividades diarias a cada hora».

La relación con los ángeles se cultiva al recibir y conservar sus cualidades. Miguel sitúa esa cooperación en las actividades de cada hora: el sentimiento aceptado debe acompañarnos al volver a nuestras ocupaciones. La serenidad y la confianza pueden sostener nuestra dedicación al trabajo, al estudio espiritual y al servicio a los demás.

El Arcángel también recuerda la paciencia necesaria al trabajar con la conciencia humana. La receptividad de los ángeles les permite responder con rapidez a la Luz; el estudiante aprende a mantener su atención y a unir el pensamiento con un sentimiento armonioso. La continuidad de la práctica permite incorporar lo recibido a la vida cotidiana.

Hombre sentado serenamente con una mano en el pecho, rodeado de una suave radiación azul

Invocar su asistencia y cooperar con ella

El Morya invita a hacer de Miguel un amigo personal y a reconocer las oportunidades de cooperar con su servicio. Podemos llamarlo por nosotros mismos y por otras personas, con sabiduría y discernimiento. El llamado puede hacerse en silencio: su valor reside en la atención y el sentimiento con que se dirige.

Para preparar esta práctica, conviene aquietar el cuerpo, la mente y los sentimientos, manteniendo una disposición receptiva. El artículo sobre el valor del llamado consciente a los Siete Arcángeles desarrolla esta relación entre invocación, armonía y cooperación.

El siguiente llamado del libro solicita la asistencia de Miguel, sus legiones y la Amada Astrea. Incluye la fe en la Bondad de Dios y la dedicación consciente al Plan Divino; su alcance comprende al individuo y a la humanidad.

Llamado a las legiones de ángeles de la Luz

En el nombre de la Presencia de Dios YO SOY en mí y la de toda la humanidad, invoco Tu Presencia, amado Arcángel Miguel, y a Tus Legiones de ángeles de la Luz para que me liberen, me liberen, me liberen de toda apariencia humana en, a través y alrededor mío o dirigida hacia mí.

Amada Poderosa Astrea, llena mi cuerpo, mis memorias, mi mente y mis sentimientos con tu poderosa luz blanca, limpia todos los hábitos y tendencias imperfectas, y reemplázalas con las cualidades de Pureza, Armonía y Perfección de los Maestros Ascendidos.

Denme su asistencia ahora, y liberen a cada parte de la vida en esta ciudad, en este país y en el planeta entero de todas las tendencias autodestructivas. Carguen dentro mío y de toda la humanidad Su Fe en la Bondad de Dios.

Ayúdenme a esforzarme conscientemente en realizar el Plan Divino para llegar más rápidamente a la pureza y a la perfección que YO SOY en los niveles internos. Envuélvanme en su radiante armadura de luz azul cristal, y hagan que sea eternamente sostenida. Les doy gracias.

Continúa el estudio y la práctica con Los 7 Arcángeles y sus Poderosos Decretos del YO SOY. Recibir con gratitud la fe de Miguel y conservar sentimientos armoniosos nos permite cooperar conscientemente con el servicio de la Hueste Angélica.

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